25 mayo 2014

Tránsito



Gota tras gota.
Un ritmo constante. Estable. Monótono.
Caminé por las calles de una ciudad flotante, mirando en todas direcciones. El viento sacudía mi - otra vez - largo pelo. Sólo miraba por mirar porque, en realidad, no esperaba encontrar nada.

A veces lo más insignificante marca la diferencia.

Gota tras gota.
Compases certeros y predecibles.
Me detuve sobre el puente. Era el barco de la medianoche llegando al mediodía. ¿Atrasado o adelantado? qué importa, ya está aquí.

Cada frase que antes susurraba a solas se vuelve tangible frente a mí. Pero tú nunca las entenderías.

Ahora levanto la vista y me miro en el espejo. ¿Qué es lo que quiero ver?
Continúo observando cada gota, desde que nace de la llave hasta que se desfigura en el lavamanos. Cada gota parece igual a la anterior... pero en realidad no son lo mismo. Y nunca volverán atrás.

Gota tras gota.
Cierro completamente el paso de agua al fin, salgo del baño y apago la luz.