20 diciembre 2015

Serendipia



Sentada sobre la cama, fingía leer un artículo científico. Un tomate en el pelo que se me desarmaba de a poco. Una luz tenue que entraba por la ventana.
Me sentí feliz por la calidez, por lo inesperado, por la oportunidad, por su abrazo final y por lo que estaba por ocurrir.
Abrí la puerta y me fui con las manos vacías para poder alcanzar más.

- Adiós, azules. Nos volveremos a encontrar, quizás. La vida es redonda y mi aventura infinita.

Rompí el papel con letras rojas que había conservado por un tiempo y los trozos fueron a dar a la basura.

Ya nada está escrito.
Ya nada está.
Ya nada.
Ya.