...Silencio, todo quedó en silencio.
Ya no hay palabras que valgan para esos oídos sordos, esos oídos tuyos... y los oídos míos.
No tiene sentido seguir dando vueltas por mi pieza, esperando señales mágicas o buscando luces. Ahora la linterna la tengo yo... sólo que no quiero encenderla.
Me siento en mi cama en la oscuridad. No quiero verme. No quiero verte. Nunca más.
Afuera hay un mundo entero y yo aquí encerrada. Voy a abrir la ventana y voy a volar. Me encantan mis alas blancas, acabo de terminarlas. Estoy feliz con ellas. Son grandes y muy firmes. Las hice con mucha paciencia, cariño y esfuerzo.
Espera!!!
Tus pasos en el pasillo me demuestran que aún no te has ido. Pero tampoco vas a entrar, no vas a quedarte, no vas a saludar ni a despedirte. La puerta parece de acero ahora. Yo sí podría abrirla, incluso podría invitarte a pasar y tomar té. Pero me dirás que no. Que no puedes entrar a la pieza amarrado a un árbol. Que te gusta estar amarrado al árbol. Y yo no entiendo qué es lo que te gusta de eso.
Sé que en este momento, en un universo paralelo, es de día y estamos muy lejos. Tus ojos son más felices y reflejan los míos. Juntos somos poderosos. Nos tomamos de la mano y volamos a todas partes. Incluso, cada vez que queremos, volvemos a esta pieza riendo, cantando y, en esta misma cama, planeamos nuestra siguiente aventura.
Sin embargo, en este universo en el que me encuentro ahora, sólo hay susurros, sólo hay susurros confundidos con la noche.
No puedes vivir complaciendo al resto... y tú qué? Tú también eres feliz en ese universo, tú lo sentiste! No lo recuerdas? No recuerdas esas risas, esas conversaciones interminables? No recuerdas esos abrazos y esas miradas en las que todo el resto desaparecía? No recuerdas esas cosquillas en tu estómago al acercarse el momento de verme? No recuerdas nuestros suspiros de alegría y amor al comprender que somos almas gemelas? No recuerdas esa conexión tan linda entre nosotros? Crees que una conexión así se da todos los días, con la primera persona que se cruza por delante? Acaso no ves que al traicionarme, sólo te estabas traicionando a ti y todo lo que llegaste a sentir, todo lo que pudimos ser?
Me dices que estoy mal. Que siempre estaré mal. Que no valoro mi cama. Que no valoro mi pieza. Que no valoro estos muros que tantas veces me vieron gritar y llorar. Quizás prefieres que sea infeliz, pero agradecida. Me dices que vaya y que vuele, que no te importa. Y yo abro las cortinas de mi ventana de par en par, te muestro a toda esa gente que ya está volando. Son cientos, son miles, son millones, no seré la única. Con mi dedo índice, intento mostrarte a todos aquellos que están volando de a dos, cumpliendo sueños juntos. Intento explicarte que ellos no odian a sus árboles ni sus árboles a ellos. Al contrario, con una sonrisa, les han deseado que sean muy felices y alcancen las estrellas. Le han dado todas las herramientas y le han dicho que siempre estarán con ellos, apoyándolos en la distancia. Ellos saben que amar no es poseer. Intento decirte que en realidad, tú eres el único que conozco que piensa de esa manera. Que eres el único que piensa que todos los que volamos somos unos desagradecidos. Pero tu árbol te abraza cada vez que quieres escucharme y mirar hacia afuera. Te nubla la vista con sus ramas y hojas.
Los frutos no se quedan en los árboles, se desprenden. Porque los frutos no le pertenecen a los árboles, es necesario que maduren, que caigan, que las semillas se dispersen y así nazcan otros árboles para continuar el ciclo. Incluso puede servir de abono para que el mismo árbol crezca más fuerte, para que dé frutos aún mejores. Es verdad que el árbol le entregó todo para ser el fruto que es ahora... pero se pudrirá si no lo deja ir...
Para distraerme un poco, prendo la radio. Se escucha la voz de una mujer, con un monólogo escrito en los comentarios. Al rato, apago la radio y vuelvo a pasearme por la pieza, en medio de una oscuridad total. No dices nada, pero sigo escuchando tu respiración.
Los frutos no se quedan en los árboles, se desprenden. Porque los frutos no le pertenecen a los árboles, es necesario que maduren, que caigan, que las semillas se dispersen y así nazcan otros árboles para continuar el ciclo. Incluso puede servir de abono para que el mismo árbol crezca más fuerte, para que dé frutos aún mejores. Es verdad que el árbol le entregó todo para ser el fruto que es ahora... pero se pudrirá si no lo deja ir...
Para distraerme un poco, prendo la radio. Se escucha la voz de una mujer, con un monólogo escrito en los comentarios. Al rato, apago la radio y vuelvo a pasearme por la pieza, en medio de una oscuridad total. No dices nada, pero sigo escuchando tu respiración.
Atraviesa la puerta. Despréndete. Por favor, toma mi mano y salta conmigo. No me dejes. No te dejes. No NOS dejes.
Silencio otra vez. Ya no hay respuesta. Curiosa, enciendo la linterna y me doy cuenta que, en realidad, no hay nadie en el pasillo. Todos esos susurros fueron mi imaginación, tal vez. Abro la ventana, tomo mis alas y me las pongo, decidida a volar.
Parece que el problema radicaba en ser el personaje correcto en el universo equivocado... y vice-versa.