Cada vez que levanto la vista veo la misma imagen. El camino se abre frente a mí y el sol brilla. Una blusa blanca y una falda azul fueron mi elección para este día tan hermoso. Es un camino largo, pero disfruto mucho del paisaje.
Aún puedo recordar la primera vez que caminé por aquí. Todo me causaba curiosidad, a todo le sacaba fotos, y en mi cara se dibujaba una sonrisa nerviosa y estúpidamente feliz. La imponente construcción se apareció frente a mí de pronto y yo contemplé las hermosas escaleras de mármol que guiaban a la entrada. Unos personajes salidos de libros, amables y muy sonrientes, salieron a recibirme, me tomaron de la mano y me llevaron adentro. Las escaleras se me hicieron eternas esa vez. Mi mochila aún estaba llena de piedras, imágenes y disfraces que no necesitaba realmente. Llena de cargas que cada día acarreaba sólo "por si acaso". Llena de ilusiones y promesas rotas que nunca se cumplieron y que nunca se cumplirán. Llena de recuerdos que aún me mantenían atada a un pasado que debía sepultar.
Estaba ansiosa. Sin embargo, el interior de este edificio no era tan perfecto como lo esperaba. Tenía muchos rincones sin luz en los que yo tuve que encender una vela. Tenía muchas ventanas y puertas rotas, las cuales yo tuve que reparar. A ratos, estaba llena de ecos y soledades, a los cuales, luego de un tiempo, aprendí a amar. Todos los días, reconstruía una parte de este edificio, prefiriendo ponerme mis audífonos en vez de compartir mi música con personajes oscuros, inestables, inmaduros y mentirosos que no merecían estar ahí. Así, con el paso del tiempo, el edificio fue llenándose de luz y color, atrayendo diversos visitantes que realmente valoraban mi trabajo y disfrutaban mi música.
Y hoy, aquí voy nuevamente, ya estoy llegando a mi destino. Agradezco a este camino por hacerme la mujer que soy ahora. Ya no tengo mochila porque, bajo un rojo atardecer, la tiré al río. Ahora sólo llevo un cuaderno y un lápiz en mis manos, ya que me gusta anotar la hora en que sale el sol cada día.
Es la fiesta de inauguración y sólo he invitado a gente verdadera. Sé que mi trabajo en esta construcción aún no está terminado (y nunca lo estará), sin embargo, es un día muy especial. Toda una anfitriona, soy la primera en llegar. Me detengo frente al edificio y tomo aliento para subir otra vez esas escaleras, no sin antes admirar la belleza de la construcción y sonreir frente al gran letrero pegado en el frontis, el cual señala una palabra que me encanta:
"LIBERTAD"