03 diciembre 2009

Capítulo X


Pasaron los tres días siguientes muy rápido. Las amigas de Carola la iban a ver, y a veces, salían un rato. Ya se había arreglado bastante el tiempo y hacía mucho calor. Ignacio y Carola seguían evitándose. Diego ya estaba en pie.
Marcela bajó a tomar desayuno. A él le pareció muy raro que ella no lo tomara en cuenta. Lo mismo pasó en el resto de la mañana y en el almuerzo.
Diego, muy extrañado, subió a la pieza de Marcela.
- Y a ti, ¿Qué te pasa ahora? – le dijo él.

Ella estaba sobre su cama leyendo una revista. Luego de un momento, la cerró.
- ¿Qué me pasa? ¿Por qué?
- Bueno... no sé...
- ¿Quieres saber qué me pasa? ¡Te diré lo que me pasa, pues! ¿Acaso quieres seguir? ¡Por favor!
- Seguir, ¿qué?
- Con las peleas, los cojinazos... ¡Ya no tenemos 7 años!
Diego, después de una pausa, agregó:
- Es divertido molestarte.
- ¡Infantil!
- Ah, ¿y tú?
- ¡Inmaduro!
- ¡Tú eres la inmadura!
- ¿Ves? Ahora quieres empezar otra vez. Y después me echas la culpa a mí. Como si yo fuera la que te fracturé tu maldito brazo.
- ¡Ah! ¿Estás enojada por lo que te dije el otro día?
- No, no... – dijo ella en tono irónico - ¡Claro que no!
Diego sonrió.
- Bueno, es tu culpa.
Marcela se levantó de la cama.
- Mira, quiero conversar contigo.
- ¿Conversar?
- He pensado que...
- ¿Tu piensas? ¡Guau!
- ¡Diego, ya, córtala! – Y antes de que él pudiera decir algo, Marcela continuó – He pensado que ya no tiene caso seguir con las peleas... estamos bien grandes y...
- Tienes razón. – dijo Diego, ahora más serio.

Marcela se sorprendió ante el cambio de actitud de él. Diego se cruzó de brazos.
- ¿Y qué piensas hacer? – le preguntó él.
- ¡No tomarte en cuenta hasta que madures!
- ¡¿Hasta que yo madure?!
- Sí, tú.
- ¿Y crees que eso va a resultar...? Se necesitarían dos mil horas de terapia intensiva para olvidarme de lo que me has hecho.
- ¡Ah! ¿Vas a entrar en ese plano, ah? ¿Y lo que tú me has hecho a mí?
- ¿Acaso no te acuerdas de cierta novia que yo tenía...?
Marcela suspiró.
- ¿Por qué lo hiciste?
- ¡Oh, siento murmullos por ahí!
- ¡Marcela, respóndeme!

Ella salió de la habitación y él la seguía. Hasta que Diego dijo:
- Yo en verdad la quería.
Entonces, Marcela se dio media vuelta.
- ¿Querías a esa desteñida...? ¡Por Dios! ¡Qué gustos!
- La Carola me contó que te pusiste celosa...
Marcela, sin notarlo, se puso roja. Diego nunca le había insinuado algo así.
- ¿Celosa...?
- ¿Qué explicación más le encuentras?
- ¡Y si yo me pongo a pololear con el Esteban también te pones celoso tú!

Entonces, llegó Carola.
- ¡Me alegro que por fin se hayan declarado su mutuo amor!
- ¡Yo no he dicho nada! – saltó Diego. – ¡Es ésta la que hizo que mi novia terminara conmigo!
- ¡Lo hice por tu bien!
- ¿Mi bien? ¿No será por el tuyo? – dijo él.
- ¡Ah! ¡No tiene caso hablar contigo! ¡No tienes una gota de cerebro!
- ¡A mí también me carga hablar contigo!
- ¡Descuida! ¡Nunca más te dirigiré la palabra!– Marcela se encerró en su pieza con un portazo.
- ¡Bien! – dijo Diego haciendo lo mismo.

Y así se quedó Carola en el pasillo, entre ambas piezas sin saber qué hacer. No le gustaba nada eso de elegir “con quién ir ahora”, situación que siempre se había repetido.

- ¡Saldré a caminar! - resolvió ella, encontrando que era lo mejor que podía hacer en ese momento.




[Fragmento de novela escrita a los 13-14 años]

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