23 junio 2010

Flashback


Miras al cielo instintivamente por enésima vez, aunque en realidad no te preocupan esas nubes amenazantes. Caminas lento, con las manos en los bolsillos de tu abrigo, tarareando esa canción rockera que escuchas en tu viejo mp3 y que tanto te gusta. Vas pisando las hojas secas, pero la humedad del ambiente no te permite hacerlas crujir.


- Te voy a extrañar.

Caen las primeras gotas de lluvia y respiras hondo. Te encanta el olor a tierra mojada. No conoces el porqué de esa sensación de bienestar que de pronto te embarga, sólo tienes la total certeza de que estás justo en el lugar correcto, en el momento preciso.

- Podríamos ir a la playa el próximo verano.
- Gracias por tu carta. Está muy linda.
- Claro, siempre es culpa mía.
- Me gustas.
- ¿Estudiemos juntos para la prueba?
- Es que... es mi cumpleaños y ni siquiera se acordó.

Llueve cada vez más fuerte y tu ropa está completamente empapada. Te detienes y, cerrando los ojos, levantas la cabeza y extiendes los brazos, como queriendo sentir cada una de esas infinitas gotas sobre tu piel.

- Pucha, no tengo plata para el almuerzo.
- ¿Estás bien? Estás pálida.
- Mamá, ¿cuánto falta para Navidad?
- Me siento tan sola...
- ¡Felicitaciones! ¡Volviste a obtener el primer lugar!
- Siempre voy a estar contigo.
- ¿Por qué no lloraste? ¿Acaso no te dio pena?
- Eres hermosa.
- Estoy atrasada otra vez, ¡perdón!
- Hola. También estás en este curso, ¿verdad?
- Tú puedes. ¡Tú siempre puedes!


Abres los ojos y, aún con los brazos extendidos y el rostro hacia el cielo, sonríes. Es una sonrisa amplia y sincera.
No es que lo tengas todo en la vida, sino que te has deshecho de aquello que en realidad nunca necesitaste.



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