Los enojos, las tristezas, la impotencia, las lágrimas vertidas. Las innumerables decepciones, las eternas mentiras, los grandes errores, la insoportable rutina. Los secretos guardados, las sonrisas fingidas, las necesidades calladas. Las luchas por no caer, a pesar de que faltaran fuerzas. Esas tardes solitarias, llenas de incomprensión y abrazos ausentes. Esas largas noches de reflexión, de dudas, de desesperación, de gritos y de ganas de desaparecer.
¿A quién le importa?
Las alegrías, las risas. Los éxitos cosechados, las experiencias vividas, las decisiones tomadas, las lecciones aprendidas. Las metas cumplidas, los lugares recorridos, las sensaciones percibidas, los desafíos superados. Los premios obtenidos, las frases de aliento escuchadas, las fuerzas renovadas. Esas tardes de libertad, lejos de aquí, llenas de ilusiones y mágicos colores. Esas noches de paz, de tranquilidad y de satisfacción.
¿A quién le importa?
QUE NADA HA SIDO SUERTE NI COINCIDENCIA. Que nada vino en bandeja. Que nada de lo que soy o tengo ha sido regalado!
¿A quién le importa?
A MÍ ME IMPORTA. Y eso es lo único que necesito.
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