Juan Pablo fue a ver al otro día a Diego. Subió a su habitación. Diego estaba de pie en un rincón dando golpecitos a la pared con su cabeza... Al ver esto, a Juan Pablo le causó gracia al principio, pero luego dijo:
- ¡Hombre! ¡Ya, córtala que vas a acabar con las pocas neuronas que te quedan!
- ¡...No las necesito!
- ¿Qué pasa ahora?
- ¿Qué pasa?- sonrió Diego irónicamente - ¿Qué pasa?
- ¿Has hablado con la Marcela?
- ¿Marcela? ¿Qué es eso? ¿Se come?
- ¡Diego! Tú sabes de quién estoy hablando y no te hagas el tonto.
- La Marcela no existe para mí, ¿está bien?
Diego se recostó en su cama. Juan Pablo se sentó en una silla y observó los cassettes.
- ¡Vaya! Pero, ¿qué les pasó a estos pobres cassettes...? ¡Pareciera que los hubieran azotado contra la muralla! Conociéndote, Diego... eso fue lo que pasó... ¿o no?
-...Sí, es que estaba practicando tenis. ¿Vamos a salir hoy en la noche?
- No sé... cada uno está por su lado. El Esteban tiene una cara de funeral del porte de un buque y no quiere saber de nada, el Ignacio también ha estado distante con el Ricardo, el Alejandro está cada vez más amigo del dúo dinámico del Felipe y el Cristian... y por tu parte, estás cada vez más fallado. ¡Qué me queda a mí!
- No te hagas la víctima, Juan Pablo, que no está metido en ningún problema.
- Ahora sí, y en el tuyo.
- Yo no tengo problemas: ¡Soy feliz como una lombriz!
- ¿Qué piensas hacer con la Marcela?
- ¿Qué Marcela?
- ¡Diego, es en serio!
En ese momento, se abrió la puerta y entró Marcela. Le tiró un cojín a Diego en plena cara y, entre risitas, se fue cerrando la puerta.
- ¿Y quién fue ésa? ¿La Pamela Anderson...?
Diego aún tenía el cojín sobre la cara.
- Esa niñita está buscando que me enoje de verdad y...
- Tienes que hablar con “esa niñita”... - lo interrumpió Juan Pablo.
Diego se paró y se paseó por la pieza diciendo:
- ¿Y qué quieres que le diga? “Oye, te amo, eres la mujer de mi vida... ¿Casémonos?” ¿Eso quieres que le diga?
- Diego, tú sabes mejor que nadie que se te está acabando el tiempo. En primer lugar, el verano se acabará pronto, en segundo lugar, ella volverá a la ciudad; en tercer lugar, la Antonia no tarda en hacer algo raro y en cuar...
- Juan Pablo... - interrumpió Diego.
- ¡No, espérate! Y en cuarto lugar, cuando la Marce vuelva a su casa, quizá conozca a alguien que va a encontrar muy simpático, se va a enamorar de él y se va a olvidar de que existes...
- ¡¡No!!
- ¿Viste? De sólo pensarlo, te da escalofríos.
-¡No! Juan Pablo- dijo Diego lentamente- Estoy esperando que este verano se acabe pronto... que ella se vaya y así yo vuelva a odiarla... otra vez... ¿Está bien?
Juan Pablo dijo después de un largo silencio:
- ¿Estuviste mucho rato golpeándote la cabeza...? Parece que no te quedó ninguna neurona, Diego.