Estábamos sentados en las escaleras de un viejo edificio, descansando un poco luego de haber bailado en la salsoteca del subterráneo. Estaba bastante oscuro, aunque la luz anaranjada de los postes entraba por la ventana ubicada a nuestro lado. A través de ella, de vez en cuando observábamos el río y los autos que pasaban por esa estrecha avenida.
Estando en un país extranjero para ambos, ninguno hablaba el idioma del otro, pero nos comunicábamos en ese extraño lenguaje del lugar, el cual mucha gente rechaza y que ni siquiera dominábamos a la perfección. En realidad nos daba lo mismo, porque el idioma es lo de menos cuando estás feliz.
Conversábamos de tantas cosas y nos reíamos, mientras en la penumbra apenas podía distinguir el vaivén de tu pelo desordenado. No recuerdo por qué llegamos al tema de la normalidad, pero me dijiste de pronto:
- No, tú no eres normal. Eres muy extraña... de una manera encantadora.
No hubo respuesta de mi parte, sólo te sonreí deleitada con ese modo tan tuyo, a la vez simple y complejo, de expresarte. No sabías que ésa era una de las frases más lindas que me han dicho en mi vida. Y nunca lo supiste.
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