19 septiembre 2009

Escritos I



Vamos, convénceme. Dime qué significa en tu mano una flor deshecha.

Tienes la extraña capacidad de reinventar mi mundo y dejarme sin aliento, de volcar tu presencia en mi espacio y detener el viento que moviliza mis sensaciones...
Hace mucho tiempo, me creé mi propia burbuja para no sentir, para no querer, para no expresar... me creé un reino ficticio en el que tus pétalos se detenían antes de caer el suelo.
Pero mis esfuerzos no fueron suficientes y, aunque no lo aceptaba, tú podías entrar en mí, invadiéndolo todo, mientras yo fortalecía mis propias fronteras... Y cada vez que esperaba la llegada del sosiego me demostrabas que en mi falso reinado todo se desmoronaba con cada emoción recurrente... reiterativa...
Al fin me hiciste ver que mis miedos eran sólo el producto de una soledad mitigada por mi propia habilidad de alcanzar un estado de eterna hipocresía. Me hiciste ver que yo era el principal obstáculo para llegar a mí.
Opté por fundir mis lágrimas con tus gestos para poder romper mis falsas verdades.

Ahora mis objetivos siguen siendo los mismos, pero yo he cambiado.
Ahora tu sonrisa no constituye el enigma del que he escapado desde siempre.
Ahora no puedo evadir tus espinas, pero puedo dirigirlas de manera que me duelan menos.
Ahora tu mirada no me causa temor porque ya no existe ese muro que construí una vez entre tú y yo.

Ahora... ahora, Vida, ya no tienes el mismo poder sobre mí.

Explícame entonces por qué no dejo de confundir tu aroma con el de una flor marchita...








[Año 2007 nuevamente. Colección de escritos al estilo "corriente de la conciencia"... éste fue el más coherente y entendible que encontré]

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