06 septiembre 2009

Velo


Traté en vano de quitarte ese velo de los ojos.

Los pasillos de esta casa son muchos, son oscuros… confusos. Transité descalza por ellos durante todos estos años. Siempre existió una luz… una luz que débilmente entraba por una ventana, esa pequeña ventana que jamás pude dejar de mirar. Aún me acuerdo de esos días en que mis ojos y mi mente eran tan puros, inexpertos, anhelantes de alcanzar aquella luz que se veía tan lejana.

No era fácil caminar por esos pasillos. Todos eran siempre iguales, el mismo piso, las mismas paredes, la misma luz que entraba por esa ventana y que alumbraba cada habitación a la que yo entraba... todo siempre tan uniforme que me daba náuseas. Quise rendirme tantas veces. Quise destruir los muros de esos pasillos sin resultado. Quise escapar de esta casa gigante, sin sentido, sin fin.

Muchas veces maldije a esa tonta luz. Le preguntaba a gritos qué era lo que esperaba de mí. Pero, sin saber por qué, mi deseo de seguir caminando era más fuerte. Caí tantas veces al suelo, pero todas esas veces me levanté.

De pronto, me caí a tus pies. Entonces, aún en el suelo, todos mis recuerdos, mis éxitos, mis fracasos, mis miedos y mis sueños se agolparon en mi mente y me di cuenta de que esa pequeña ventana, a la cual miré todo este tiempo cada vez que necesitaba ánimos para continuar, no era una ventana: era un espejo.

Ahora sé que todo lo que he caminado no fue en círculos. Pero también sé que me falta mucho... demasiado por caminar.

...Traté en vano de quitarte ese velo de los ojos... pero yo también tenía un velo en los míos.

Ja...! No me pidas que te lo explique, si finalmente esos pasillos los construiste tú, con tus propias manos.

[Escrito en mayo de 2007... después de tiempos difíciles. Lo que no te mata te hace más fuerte, dicen.]

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