
- Me encanta esta hora del día.
- ¿Por qué?
- Por la luz... la brisa... fíjate en las nubes y los colores... el cielo parece incendiarse.
Sonreíste y no dijiste nada más.
Mirando al horizonte... calculando distancias... me transporté hacia un paisaje tan distinto y lejano... a veces claro... y muchas veces oscuro.
- Mira! Esa nube tiene forma de delfín!
Ahora yo sonreí. Fingí curiosidad y en realidad, la miré sin verla.
A veces envidio tu forma de ser... algunos gestos, algunas despreocupaciones, algunas batallas aún sin pelear, todo un mundo por descubrir...
Pero, en todo caso, sé que tú me envidias más... Mucho más.
- Tienes razón.. El cielo está precioso.
Guardé en un baúl de madera todo lo que no tengo y las palabras que no te dije... Aún tengo muchas advertencias para ti. Pero no sé si ahora valgan la pena.
-¿...Pasa algo?
- Sí, quisiera verte. Pero ya estás tan lejos.
Te miré a los ojos y volvió esa sensación extraña. Una mezcla de emociones de los más diversos sabores y colores.
La misma sensación que me inundó esa vez en que me dije a mí misma "me encanta esta hora del día", viendo cómo te marchabas para nunca más volver.
[Diciembre, 2007]
